Oncología. Dr. Miguel Martín

Dr. Miguel Martín, vicepresidente de SEOM, presidente de GEICAM y jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid

Dr. Miguel Martín, vicepresidente de SEOM, presidente de GEICAM y jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid

Detección precoz, tipología del cáncer y elección del tratamiento, son algunas de las claves que pueden condicionar la respuesta a la terapia fente a la enfermedad. Actualmente, existen tumores cuyo abordaje multidisciplinar consigue unas tasas de curación muy altas y el pronóstico es cada vez más esperanzador, no obstante, otros como el de pulmón, páncreas o esófago, aún presentan un reto importante.

Con motivo del Día Mundial Contra el Cáncer, el Dr. Miguel Martín, vicepresidente de SEOM, presidente de GEICAM y jefe de Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid nos responde a algunas cuestiones sobre la importancia del tratamiento oncológico y nos explica qué se ha conseguido hasta el momento y qué queda por conseguir.

Entrevista realizada por HBakkali

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En el abordaje del cáncer, el primer tratamiento es esencial, ¿podríamos decir que si no se acierta a la primera la esperanza está perdida?

En general, debemos reconocer que el primer tratamiento es fundamental para establecer el pronóstico del paciente, pero no debemos ser totalmente pesimistas, en algunas ocasiones existen segundas oportunidades de curación.

¿A qué factores se debe que el primer tratamiento sea el acertado?

Depende esencialmente del medio socioeconómico en que se desenvuelve el enfermo, que condiciona el nivel de asistencia sanitaria que recibe. Es bien sabido que en los países sin cobertura sanitaria universal, los pacientes pobres tienen peor pronóstico que los ricos, ya que no tienen acceso a los tratamientos más eficaces a causa de su coste.

¿Por qué existen células cancerígenas resistentes a los tratamientos con los que contamos hoy en día?

El cáncer es una enfermedad con un enorme poder de plasticidad y adaptación. Si se bloquea una de sus vías de crecimiento, suele activar otra para eludir la letalidad del tratamiento. Además, cuanto más tiempo de desarrollo tiene el tumor más posibilidades existen que haya adquirido clones celulares resistentes a varios tratamientos. La precocidad en el diagnóstico se asocia sistemáticamente con una mayor posibilidad de cura y este hecho no está sólo relacionado con la mayor resecabilidad quirúrgica de los tumores precoces sino también con la evolución cronológica del tumor, que se vuelve genéticamente más complejo a medida que transcurre el tiempo.

¿Por qué una vez curado el paciente, puede producirse una recidiva?

Por dos razones: la primera es la persistencia de células en el sitio del tumor después del tratamiento local (lo que genera una recidiva local); la segunda es la existencia de células tumorales residuales en órganos distantes desde el momento del primer diagnóstico, células que no somos capaces de descubrir por los métodos actuales.

¿Cuál suele ser el pronóstico en estos casos?

Depende del tipo de cáncer. Algunas recidivas locales pueden ser curadas con un segundo tratamiento. En general, la mayoría de las recidivas en órganos distantes se escapan a un tratamiento curativo. Ello no quiere decir que no pueda lograrse el control transitorio del tumor, en ocasiones durante periodos largos de tiempo, incluso de varios años.

Cuando hablamos de tratamiento oncológico, ¿qué se ha conseguido y qué queda por conseguir?

Existen tumores con altísimas tasas de curación, como el cáncer de testículo, coriocarcionoma, enfermedad de Hodgkin, algunos tumores pediátricos. En algunos tumores muy frecuentes, como el cáncer de mama y el cáncer colorrectal y el de próstata, se han conseguido grandes avances gracias a los tratamientos multidisciplinares. En otros tradicionalmente de mal pronóstico, como el melanoma metastásico, se empieza a vislumbrar la aparición de terapias sofisticadas realmente eficaces. No obstante, debemos reconocer que los avances han sido menores en otros tumores frecuentes, como el cáncer de pulmón, el cáncer de esófago y el cáncer de páncreas.

 

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